Si al personaje acompañante (el que podemos contratar en diversos actos) le damos un casco o armadura etérea (de las que no se pueden reparar) no habrá que repararlas nunca, porque las armas y defensas del acompañante nunca se estropean, ni siquiera aunque muera. Sí volvemos a resucitar al acompañante éste tendrá lar armas intactas.